jueves, septiembre 22, 2011

Pensar para no agobiarse...

En algún momento, no sé que os parecerá a vosotros, puede que un problema se convierta en la fuente de nuestra atención durante una o dos semanas. Nuestra atención vuela frecuentemente hacia el problema, tratando de encontrar alguna solución que disminuya las previstas consecuencias negativas. La finalidad por lo tanto es reducir o eliminar el impacto negativo que pueda tener un acontecimiento. En algunas ocasiones estas preocupaciones son exageradas o poco probables y suelen no responder a una posibilidad real. Es entonces cuando la preocupación empieza a no ser útil. No se puede solucionar algo que no va a ocurrir. ¿Por qué entonces dedicamos algo o mucho de nuestro tiempo y energías a hacer frente algo que no va a pasar?


Bueno, es posible que nos cueste diferenciar las probabilidades de ocurrencia de algo como posible que como probable.

Es difícil encontrar algo así por uno mismo ya que la tendencia a preocuparse no es vista como una exageración sino como una necesidad. ¿La parte negativa de todo este mecanismo? Aumento de la ansiedad, alteraciones o molestias físicas, dificultades para dormir, etc... en otras palabras un aumento del nivel de activación general del sistema (como cuando tenemos una amenaza que no podemos resolver).

Generalmente esto recibe el nombre de Trastorno de Ansiedad Generalizada cuando llega a niveles muy elevados o se prolonga durante más tiempo del esperable o supone una exageración frecuente de los problemas del día a día.

¿Qué otras formas hay de tomarse el día a día? Reflexionemos. ¿Realmente es tan importante un determinado problema o detalle? ¿No estaremos sobrevalorando la importancia o las repercusiones en nuestra vida?¿Qué hay de la pérdida de oportunidades y calidad de vida al mantener un nivel de atención y alerta excesivo prolongadamente? ¿No estaremos solucionando ilusionariamnete algo que, en realidad, por exagerarlo, se nos va de las manos? ¿Cuando parar o darse cuenta para frenar el proceso?